domingo, 11 de octubre de 2026

chau papi

Mi papá respiró por última vez el lunes pasado. Tomo una cantidad de aire como habría hecho tantas veces en 85 años y luego hizo como si se fuera a tragar todo ese aire y ya no lo volvió a hacer. Nunca sabemos cuál será nuestro último respiro, ni nuestro último momento.

La última semana fue una de las más raras de mi vida, que siguieron a unos tres meses también extraños, donde vi agonizar a mi papá, donde aprendimos a cuidarlo y él a entregarse a esos cuidados. Aprendimos a acompañarnos sin pensarlo demasiado. Haciendo lo que se podía hacer, midiendo cada signo vital, cada indicador de ese cuerpo demasiado dolorido. 

Desde ese mediodía habito un mundo en el que mi papá ya no está vivo. Un mundo que no conozco del todo. Nunca se es lo suficientemente grande ni se está preparado para ver a un padre en un cajón. Ni siquiera yo que me pasé semanas soñando con las salas velatorias. 

No creo en la vida después de la muerte. Creo que la tele se apaga con ese último suspiro y lo que queda son los recuerdos que dejaste en quienes te conocieron y te mantendrán en las cosas que digan de vos para que mantener ese recuerdo vivo. 

Tuve un papá por 50 años y una paz de saber que no me quedan cosas pendientes por decirle o hacerle saber. Él sabía lo mucho que todos nosotros lo queríamos. No tengo dudas. No era una persona de las palabras, era de los hechos y creo que le demostramos con hechos a su vez cuánto nos importaba y lo unidos que podíamos estar por una causa común. Creo que el dolor no le permitió irse en paz porque su cuerpo era ya un infierno de padecimiento. Pero si en alguna parte encontró consuelo fue en ese cuidado familiar. Igualmente, nunca lo dijo. Pero elijo creer que lo sabía. 

Mi papá, Pelusa, fue un hombre simple, sin dobleces. El último ser analógico de mi entorno. Observador de la naturaleza, conocedor de varios temas sin método ni ciencia. Una persona en un permanente hacer algo sin ser impaciente. Era tranquilo en sus movimientos, pausado en el hablar, aunque de mecha corta y gran capacidad para el enojo. Sabía arreglar varias cosas, a su modo. Ataba con alambre desde mucho antes de que Copani hiciera la canción. 

Fan de las motos y los viajes. En otra vida seguramente hubiera sido un trotamundo pero solo salió de Pergamino (es más, solo salió del barrio al que él llamaba San José) para hacer la colimba, la gran aventura de su vida. Alguien dijo en su velatorio que no le quedó lugar por conocer. Es mentira, él siempre tenía lugares pendientes, viajes en mente. Sabía las rutas argentinas de memoria y jamás usó un GPS. Le encantaba descubrir nuevos caminos, aunque muchas veces se perdía. 

Seguidor del automovilismo especialmente del rally, al que fue 34 veces. Era referente, todo el mundo venía a consultarle. Muchos lo quisieron llevar de acompañante, pero a él le gustaba ir solo. Seguidor también de la Fórmula 1. El automovilismo era parte de su mundo privado. Sus anécdotas eran siempre de tiempos de juventud, de antes de casarse. Un mundo de adultos que lo querían sin ser su familia, de aventuras en moto o en autos que nunca pude identificar. Tenía una memoria prodigiosa para recordar detalles e historias. 

Mi papá llevaba siempre un pañuelo de tela en el bolsillo, con el que les limpió los mocos a todos los nietos. Cuando los chicos empezaron a hablar, los grababa con un grabador de manos que después perdió y luego andaba siempre sacando fotos con su tablet. Esas fueron sus licencias tecnológicas. Poca bola al celular, pero me llamó para mi último cumpleaños ya desde la cama. 

Un ser friolento, como yo, de manos heladas y espalda huesuda. No se sentaba a la mesa hasta que no nos había dejado pedacitos de asado que elegía para cada uno. Y nosotros repitiendo a cada rato, papi sentate. Pero no se sentaba nunca, había que seguirlo con el mate en la quinta. Siempre tenía un yuyo por arrancar, una planta por podar, una pared que pintar. Un Pelusa system para cada cosa. Mi papá hasta no hace mucho tiempo hasta miraba la tele de parado. Justo a él una enfermedad puta lo tiró 3 meses en la cama y él decía qué mierda hago acá, yo acostado sin hacer nada. 

Escribo todo esto y siento que va a volver a suceder cada cosa, no más llegue el verano puede estar de nuevo en la quinta, con la gorra chanfleada y las chancletas a medio calzar. Ese último suspiro que yo misma vi, no existe. Va a volver a jugar al truco con los nietos, a despotricar porque le venden algo que no es lo que había pedido, que lo quieren cagar porque lo ven viejo. A calzar su carterita donde siempre hay un peine, auriculares y en el último tiempo, medicación. Mucho más de lo que él hubiese querido tomar. 

El último día del padre nos dimos cuenta de que, con las letras de nuestro primer nombre, el de los 3 hijos, se forman las iniciales de mi papa: CJF. Hoy yo me preguntaba además de eso qué rasgos o qué gestos de mi viejo quedarán en nosotros o en nuestros hijos donde podamos reconocerlo. Ojalá que sean muchos, que nos habite su nobleza, su sencillez. Que la gente nos recuerde cómo lo recordaron a él por haberlos ayudado en algo, por un gesto solidario. Un hacer, siempre un hacer. 

jueves, 3 de septiembre de 2026

lo que toca hoy

 La vida de mi papá se va apagando, como una vela se consume. Su llamita es débil. Una enfermedad lo consume. Le dio pelea, la enfrentó, la acorraló hasta que un día no pudo más. Se tomó un respiro y la enfermedad le ganó una cantidad de lugares en el tablero que ya complicaron la partida por demás.

Mientras tanto enfrentamos en familia los desafíos que supone el dolor físico, el cuidado de un cuerpo de otro, que es adulto, no es un bebé. Vemos temas médicos y analizamos con lupa sus funciones fisiológicas mínimas (si come, si va al baño, si pudo caminar o no). Atrás de todo eso hay una vida que se consume de manera tangible. Y una persona que sufre un padecimiento físico insoportable. 

A veces pienso que esa persona que veo ya no es ni la sombra de lo que era mi papá. En algunos momentos logra sentirse mejor, podemos conversar de temas triviales y habituales y vuelvo a encontrarlo en su modo pausado de decir, en su memoria prodigiosa (aunque ahora a veces le falla), en su conocimiento ilimitado de rutas y lugares, en su constancia por rescatar un pasado de juventud a donde siempre vuelve. Un momento entre sus familias (la natal y la que hizo con mi mamá) donde habitan miles de anécdotas de pibe que en los últimos años fue exhibiendo a modo de colección de descubrimientos y aventuras que alguna vez tuvo. 

Hace ya varios años que venía pensando en los cuerpos que se dañan, que se van rompiendo. Pero esto es otra cosa. Una situación para lo cual no tengo del todo claro cuáles son las herramientas. Mi cabeza se enfrenta a pensamientos que, si bien son lógicos, muchas veces resultan mezquinos. Creo que como en algún momento leí mucho sobre cómo criar a un hijo, necesitaría bibliografía sobre cómo acompañar a un padre en su vejez. 

En medio del proceso decidí no pensar tanto. De estar en este presente, que es durísimo, pero donde hay algo para hacer, aunque sea mínimo frente a la situación. Acompañar a mi mamá, estar en armonía con mis hermanos, dar afecto y también abrirme para recibirlo. Resolver cuando puedo que son menos situaciones que las que quisiera alguna cosa operativa. Es poco el "hacer" que se puede hacer. Pero es lo único con lo que uno a veces encuentra cierto conformismo idiota frente a la situación de dolor que uno enfrenta. 

Ponerse en modo operativo quizás también sea un escudo. Una forma de no pensar en los desenlaces que son todos tremendos y difíciles de enunciar. 

El dolor de un ser amado te atraviesa. A veces me da pereza ir a Pergamino, enfrentar esa situación. Me castigo por eso. El sufrimiento emocional también te paraliza, te hace sentir inútil, pero creo que no tanto. Sobra el cuerpo, no alcanzan las palabras, pero es más sabido de cómo enfrentar. En medio de esto me emociona el afecto, la compañía y la red que conforma la gente que te quiere, que le pone el cuerpo y la escucha para estar disponible. 

   

lunes, 6 de julio de 2026

Amparo en sus 17


 Veo este momento tuyo como un abanico de oportunidades. Quizás otros cumpleaños me encontré mirando al pasado, al momento de nacer, de criar, a otras etapas. Hoy siento una ventana enorme abierta a un montón de cosas que van a venir, no con miedo, sino con expectativa. Todos tus dados están en el cubilete, te quedan todos los tiros disponibles.

Cada momento es lindo. No añoro la infancia pero la recuerdo con mucha ternura. Ahora hay charlas de otros temas, tomamos mates juntas, vos me abrazás a mí porque me sacás media cabeza. Pronto tomaremos una cerveza, vos serás la conductora y yo la acompañante

Qué alivio saber que no te transformaste en una "ascolescente". Que seguiste siendo una grata compañía, educada, integrada a la charla. 

Este año te volcaste más a las amigas de vóley que a las de la escuela. Cambiaste de club, te adaptaste bien a las nuevas compañeras. En la escuela te va super bien, ahora estudiás un poco más. Me da ternura verte sobre los apuntes con el mate. 

Salís a veces, mucho menos que lo que salía yo a tu edad, pero pienso que es normal. Te gusta estar en casa en pijama y chanclas, siempre con el celu o mirando partidos. Todavía no sabés qué vas a estudiar y hasta ahora nunca comentaste de ninguna relación amorosa. En breve vamos a empezar con las clases de manejo. Quise tentarte con un viaje de formación a UK para el verano pero no te enganchaste. Te pareció mucho tiempo. 

Este es el último año siendo menor de edad, aunque sea una formalidad legal, me da sensación de quiebre, de era, de cambio de ciclo que también lo será en breve en lo educativo. Pero para eso todavía falta. 

jueves, 23 de abril de 2026

Memorias sueltas de una lectora que no quiere libros....


En mi casa los libros se contaban con los dedos de la mano. Había algunos de la colección Billiken (Mujercitas, Papaito Piernas Largas, Annie). Y en la casa de mi abuela estaba La Infanta Mendocina, que se lo había ganado mi mamá por tener asistencia perfecta. Eran tan pocos que podría enumerarlos, pero cuando entre los hermanos comenzamos a hacernos regalos mi mamá, que nunca leyó en su vida siempre sugería que nos regaláramos un libro. Leí todos esos libros, incluso más de una vez. Leí Annie con mi hermana, una página cada una. Nos lo olvidamos en el patio y mi mamá lo mandó a encuadernar. La niña colorada y su perro fueron reemplazadas por un poco atractiva cubierta color marrón.

A los 10 años me hice mi mejor amiga de la niñez, Laura. Yo me acuerdo la impresión que me dio cuando entre en el comedor diario de su casa y había una biblioteca de lado a lado de la pared, del piso al techo. Y el mueble de enfrente que supe después al ver sus puertas abiertas, que también tenía libros. Y también en su habitación había unas colecciones de libros con los que jugábamos al video club. Laura me prestó algunos libros. Me acuerdo de los de Sissí, la emperatriz que todas queríamos ser. Y dale con la colección Billiken.

Ahí empezaron mis ganas de leer sin saber qué. Lo que te prestaban, lo que le regalaban a tus amigas en su comunión.

En el secundario tuve a la mejor profesora de Lengua y Literatura de todos los tiempos, Mónica Elustondo de Rossi, así con nombre completo. Ella cada año nos sugería 5 novelas en el primer cuatrimestre y 5 obras de teatro en el segundo. Había que elegir una para leer. Yo leía todas. Ella nos armaba unos cuadernillos con fragmentos de distintos autores: Borges, Cortázar, Girondo, Elsa Borneman, Alma Maritano y tantos otros. Mucha literatura argentina y algo de latinoamericana también. Así conocí esos nombres y empecé a ir a la biblioteca a buscarlos.

La biblioteca de mi escuela era chiquita, un aula no mucho más. Ahí buscábamos las Revistas Tu y Conocer y Saber en las horas libres. Pero también había un estante con la Tejados Rojos de la Editorial Plus Ultra. Barrí con todo ese estante. Luego fui a la Biblioteca Municipal, que era más grande, quizás demasiado para la poca información que yo manejaba. La bibliotecaria me dio Un Yankee en la corte del Rey Arturo. Me pareció un embole, pero lo leí igual.

Ya más de adolescente y gracias a mi tía, otra gran influenciadora en mi ser lector, accedí a su colección de los grandes novelistas de EMECÉ. Quizás sea por ahí que empecé a comprar mis primeros libros. No recuerdo cuál sería. Pero sí sé que compramos a medias con mi hermana unos que venían con Clarín (los primeros ejercicios de los diarios de vender cosas anexas) en una compleja dinámica de tener que comprar el diario, recortar un cupón. Algo así era.

En los tempranos años de adultez con sueldo ya el hecho de comprar y de que me regalen libros se hizo mucho más fluido. La facultad, los nuevos contactos y ni hablar que Internet ya me dieron todas las respuestas que necesitaba para saber qué podía leer. Pero ya no tenía tanto tiempo, aunque siempre seguí leyendo. Libros propios, libros prestados por amigos.

Hace 10 años que leo en Kindle. Me encanta leer, pero tengo cero apego por el libro como objeto. No me interesa en absoluto que me devuelvan los libros que presto, los que yo ya leí. Los libros que aun conservo los tengo guardados en un placard, es decir, no tengo biblioteca, no necesito tenerlos a la vista.



Comparto la vida con un lector voraz y me encanta poder intercambiar lecturas, archivos y discutir sobre eso. Lo mismo con amigos con los que comparto el hábito: me encanta saber qué están leyendo. También disfruto mucho recomendando libros. Pero jamás fui a un club de lectura ni a una Feria del Libro ni a eventos relacionados con lo literario.

Hoy por hoy leer sigue siendo un pasatiempo fundamental en mi vida. Me encanta especialmente en vacaciones, los fines de semana en la hamaca paraguaya y un ratito antes de ir a dormir. Si bien el fucking teléfono le compite de cerca, no perdí el disfrute ni la disponibilidad para la lectura. Registro lo que leo en Goodreads y en este blog. Me gusta poder trackear esas lecturas, pero como algo para mí y o para inspirar a otros.

Traté de criar una hija lectora. Tuvo la misma voracidad que su papá desde que aprendió a leer hasta que entró en la adolescencia. Cuando llegó a Harry Potter hubo un quiebre. Leyó la saga en loop como 5 veces seguidas, pero después no encontró nada similar, que la enganchara tanto y dejó de leer. Confío que va a volver.

Hoy en el día del libro, esta lectora que no quiere libros celebra y festeja las historias genuinas y a sus autores, deseando que siempre exista ese momento para conocer mundos posibles y ampliar la mirada a través de un buen libro.

  

domingo, 1 de febrero de 2026

Los libros que leí en 2025

La clase de griego, Han Kang ⭐⭐⭐

Me recomendaron que lea este en lugar de La Vegetariana que era el de moda cuando ganó el Nobel. Al cabo de un año no me acuerdo nada de nada de lo que iba la novela. 

La casa de los conejos, Laura Alcoba ⭐⭐⭐ y 1/2

Una novela cortita que pone luz sobre un tema poco tratado de la última dictadura militar en la Argentina: cómo es la vida en la clandestinidad de las familias, cómo lo miran los niños. Luego leí el libro de Licitra y lo relacioné también con este, así como La llamada. 

El hechizo de verano, Virginia Higa ⭐⭐⭐

Lo leí porque me había gustado mucho Los Sorrentinos. Pero me pasó sin pena ni gloria. Son relatos de su vida en Estocolmo, pero no me dejaron nada que ahora recuerde. 

Opus Gelber, Leila Guerriero ⭐⭐⭐ y 1/2

Me encanta Leila Guerriero. No conocía tanto de la vida de Bruno Gelber y me encantó la forma que va dando vueltas alrededor de su figura, cómo va iterando en el personaje y sin juzgarlo va desenmascarando sus contradicciones. 

Los galgos, los galgos, Sara Gallardo ⭐⭐⭐⭐

De esas novelas que te llevan a ese lugar, a esa época. El personaje principal, Julián, de a ratos me exasperó un poco, pero el libro me encantó. Campo, perros, amores, la inmensidad de la pampa, la adversidad de la naturaleza, los vínculos. La historia en sí quizás no es lo más destacado sino la manera de narrarlo, de meterte en ese mundo medio melancólico del niño bien, que no se esfuerza demasiado por sostener nada de lo que le viene de arriba. Y los perros ahí, mostrándole su libertad y su belleza. 

“A los veinte años todo se ve con sol. A los treinta empieza la luna. No se sabe qué se ve, cuál es el engaño, cuál es la verdad”

Basada en hechos reales, Delphine de Vigan, ⭐⭐⭐⭐

Otra autora que me encanta. Justo trata de un tema que charlamos bastante con Fede, si todos las producciones de ficción tienen o no cosas autobiográficas. Difícil de explicar. Dice la descripción: Basada en hechos reales es a un tiempo un poderoso thriller psicológico y una sagaz reflexión sobre el papel del escritor en el siglo XXI. Una obra prodigiosa que se mueve entre la realidad y la ficción, entre lo vivido y lo imaginado; un deslumbrante juego de espejos que propone una vuelta de tuerca a un gran tema literario –el doble– y mantiene en vilo al lector hasta la última página.

A través del bosque, Laura Alcoba ⭐⭐

Llegué a este libro porque me había gustado La casa de los Conejos y por morbo también. La historia promete abordar desde la única sobreviviente, un drama real ocurrido en Francia donde una mujer argentina exiliada ahoga a sus dos hijos en la bañera y se suicida. Me pareció como que sobre prometía, no termina abordando nada, es como que ronda todo el tema pero no ahonda en nada. Me sentí defraudada. Al menos para mí que procuraba tratar de entender o sospechar qué lleva a una mujer a hacer eso. 

Un buen hijo, Pascal Bruckner, ⭐⭐⭐

¿Cómo recordar a un padre del que se tiene un mal recuerdo? ¿Cómo reivindicar a un padre colaboracionista, facho, machista? Me pareció valiente retratar a un propio padre nefasto al tiempo que se repasa otros textos que se animan a cosas parecidas pero me resultó una lectura despareja. Por partes me encantó y hay puras páginas que me las pasé casi de largo. Me gustó finalmente pero estuve tentada de abandonarlo más de una vez.

El último encuentro, Sandor Marai ⭐⭐⭐

No me acordaba de qué iba pero rememoré con este fragmento de la descripción del libro: Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer. La tensión aumenta, línea tras línea, hasta que se hace casi insoportable, pero la prosa continúa, implacable, precisa, fiel reflejo del empeño de los protagonistas por hurgar hasta en lo más recóndito de sus almas, allí donde se encuentran esas verdades cuyo descubrimiento provoca, al mismo tiempo, un insoslayable dolor y un incontenible impulso vital.

La muerte ajena, Claudia Piñeiro ⭐⭐⭐

Tenía muchas expectativas por el tema (las escort, el poder, el policial bien narrado) sin embargo no me gustó tanto. Es llevadera pero no me la voló. 

Glaxo, Hernán Roncino ⭐⭐⭐⭐

La leí porque un amigo está trabajando en su adaptación al cine. Novela breve que te lleva a las pampas (tengo algo ahí en el pueblo, el interior de la provincia que siempre me atrae). Muy bien narrada en sus personajes, la forma no lineal en la que te va llevando. Me gustó mucho

La paciente silenciosa, Alex Michaelides ⭐⭐⭐

Novela pochoclera pero llevadera. Un policial con mucha psicología. Va generando un buen misterio aunque por partes se vuelve medio previsible. 

¿Por qué son tan lindos los caballos?, Josefina Correa ⭐⭐⭐⭐

Me lo regaló Fede, pero en verdad lo quería leer él! Esta es una historia sobre una madre y una hija.  sobre la demencia y lo brillante de la pérdida. Una novela que va del cuidado de los padres, de la vigilia por su evolución. "Sin lugar para la autocompasión, la hija de Sari registra el momento en que la cabeza de su mamá se desordena y pierde las palabras, mientras arma el relato que ella no dejó de contar y que, a su vez, no pudo contar. La narradora anota un recuerdo que no le pertenece, una frase divertida, extractos de un diario, una escena del barrio, disparates; los amontona y los pega como un collage, como el collage en el que se transformó su mamá." Durísimo, pero me gustó

 Crac, Josefina Licitra ⭐⭐⭐⭐

Me encanta como escribe Josefina Licitra. Se ve que este año tuve mucho del tema vínculo padre hijos, casi sin darme cuenta. Bueno, este viene de un vínculo muy especial, construido de manera diferente, a fuerza de cartas y ausencias. Construido de palabras que viajan y esas mismas palabras cortan el vínculo. El padre que proscribe, la hija que se revela poniendo casi fin a todo vínculo posible. Había leído en Orsai el relato "el señor Licitra" que es el que da lugar a la ruptura entre padre e hija y me acuerdo perfectamente haber pensado si el padre vivía, que iba a decir. Bueno, ahí me enteré "cómo la distancia engendra un silencio abrasivo, capaz de erosionar lazos que, culturalmente, están pensados para resistir casi todo".

Voy por última vez a la plaza Vicente López. Antes de volar, mi padre saldrá a correr y yo voy a esperarlo como una coleccionista de desprecios. Quiero verlo llegar o partir, verlo ir adonde nunca estoy.

La historia de Maia - Las siete hermanas #1 - Lucinda Riley  ⭐⭐⭐

Novela re pochoclera, pero tampoco promete otra cosa. Me resultó llevadera pero tampoco me pareció tan guau aunque es una saga que vendió millones. Creo que la parte brasilera fue la que más me atrajo del libro

Tienes que mirar - Anna Starobinets  ⭐⭐⭐

Novela autobiográfica de esta autora rusa que descubre que el hijo que esperaba tiene un defecto congénito. En la novela se narra su peripecia para lograr el procedimiento que le permita abortar a su hijo, el duelo, las formas de procesarlo, la manera de concebir por cada país y cada cultura nuestros cuerpos

La postal - Anne Berest ⭐⭐⭐

la autora recibe una postal con la fotos de sus bisabuelos, todos ellos muertos en Auschwitz. A partir de ahí comienza un viaje hacia el pueblo de su abuela junto con su mamá para rearmar la historia familiar. Llegue con mucha ilusión a este libro pero no me mató. 

martes, 30 de diciembre de 2025

2025 fue el año en que


 2025 fue el año en que sentí la fragilidad de los cuerpos, propio y de la gente querida. El cuerpo como algo a cuidar. La sensación de que hay cosas que se rompen y ya no se puede arreglar. el temor de sentir de que todo el tiempo nos estamos rompiendo de a poco. 

Arrancamos con Juan Pablo internado. Papi dos veces en la clínica, diagnósticos que preocupan, tratamiento en curso, mucho miedo y también mucho amor de familia. 

Trato de preparar el cuerpo para la vejez, de cuidarme con el peso, de hacer ejercicios. Me salió de a ratos mejor que en otros, pero lo fui logrando. 

2025 fue el año en que decidí dedicarme con compromiso a las relaciones sociales. Me preocupé por mantener los vínculos que me interesa, cultivarlos, cuidarlos, contactarlos. Cada vez con más temor de aislarme, de quedarme sola. 

Intenté estudiar inglés, no avancé. Pero empecé a dar clases y fue de mucho aprendizaje. Renové la certificación de PMP, hice algunos cursos de marcas y un par de liderazgo en la empresa. Muy buenos. En San Cristóbal me sentí por momentos perdida, desdibujada, pero a fin de año entró un nuevo gerente y me hace querer creer que las cosas se pueden acomodar un poco.

Me robaron la cartera en febrero y el celular a fines de diciembre.

Con Fede estuvimos bien, cumplimos 20 años de convivencia. Amparo también re bien, terminando tercer año, sigue con vóley, comenzó a salir a boliches. Su compañía es muy agradable siempre. 

Viajamos a Ushuaia y a Isla Grande. Compramos la Compass.

Fui al teatro con Ceci en Bs as, a ver a Miranda con Amparo, a ver la Vela los 3 y fui sola a ver a Silvio. Vimos series, leí bastante, tejí varias mantas que regalé. 

  • En este 2026 voy a cumplir 50 años. No se puede creer. 
  • Espero que todo lo que estuvo bien en este 2025 lo siga estando y tener entereza para lo que no. 
  • A nivel laboral, espero tener algún cambio o algún reacomode y ojalá me renueven el contrato de la Austral. 
  • Me encantaría que podamos empezar a armar el viaje a Europa los 3 que yo quiero hacer. A Fede no le entusiasma tanto. 
  • Espero que el año no sea tan acelerado. O al menos no acelerarme tanto yo. Creo que este año comencé a reconocer mejor mis emociones y espero que pueda aprender a gestionarlas aún mejor. 
  • Pienso que quizás comience con algo expresivo o artístico, tipo canto o danza o algo así, pero no lo tengo claro. También me gustaría escribir más o poder tener más fortaleza espiritual. Me abruma un poco el mundo sintético en el que estamos viviendo y me parece una manera de compensar.
  • Tengo el propósito también de seguir cuidando el cuerpo físico y los vínculos sociales, con paciencia y dedicación.


lunes, 1 de diciembre de 2025

Calesita descontrolada

Cuando todo comienza sueño que tengo el control

Puedo controlar el año en enero, cada semana desde el lunes y cada día a las 6 de la mañana

Luego el tiempo avanza, carcome todos los planes, se lleva puesto a su paso cada instante, deja arrasado gran parte de los planes. 

El final se siente como una pérdida de noción, como un despertar de un sueño que no termino de entender. ¿Qué hice? ¿qué pasó? ¿por qué reaccioné así? ¿qué calesita loca me tuvo de paseo todo el día?

Siento que pierdo capacidad de agencia. Arranca un nuevo comienzo, pienso que voy a meditar, a hacer yoga, a leer, a procurar estar en tiempo presente. entra un mensaje, me olvido distraigo de la meditación. 

Intento atrapar los meses, tomo notas. Me olvido luego de hacerlo, no llego a sostenerlo. 

Salgo a caminar y pienso que no es con acciones pequeñas, que hay que hacer un cambio radical, cambiar de vida, de creencias, de trabajo. No, lo de afuera no pienso después. Tengo que cambiar yo, enfocar distinto. Rodearme de gente que lo hace mejor, mirar y aprender. escuchar algún podcast que hable de eso. Buscar una salida, encontrar una pista. Me desespero, pierdo de nuevo el control. 

Pienso en qué bueno sería si tuviera más sentido del humor, más capacidad de reírme de mí misma. Ser más sosegada, más amable con el mundo y sus circunstancias. No enojarse, no perder los estribos. Mantenerse en eje, no marearse, no dejarse arrasar. Hacer pie. 

¿es mucho todo, no? 




Lecturas

Florencia Ferramondo's books

Mil soles espléndidos
it was amazing
adoré este libro. Me la pasé hablando de él. Tal es así que se lo hice leer a varias personas. Es el primer libro que leo del autor y también de una historia situada en Afganistán. Triste, conmovedor, durísimo pero hermoso. Trenzando his...

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