lunes, 17 de octubre de 2011

Volver al circo

He sido primero tía y luego madre, con lo cual hoy en día cualquier plan que sea con mis sobrinos solos, tiene ya de por sí interés. En mi familia estoy designada a llevar a los chicos al circo, ya que soy la única que se puede enganchar con gusto en ese plan. De chica tuve una tía (hada) madrina, que anduvo de carpa en carpa conmigo y todavía debe tener por ahí una de esas fotitos que te vendían dentro de un pequeño dispositivo, tipo caleidoscopio. Hoy por hoy ha sido reemplazado por un llavero de acrílico, pero la técnica comercial es la misma. El circo ha sumado merchandising variado todo made in china y una oferta gastronómica bien trash.
Es una experiencia única, bizarra y excéntrica. Cabe señalar que mis salidas al circo no han sido a esos mega espectáculos tipo Cirque du Soleil (al que me encantaría también poder ir) sino al clásico circo nacional, que va a ciudad bonaerense en ciudad bonaerense y que en verano hace la temporada, con suerte, en Mar de Ajó.
Del circo me gusta su mentira a la vista, la voz impostada del locutor y su apelación a todos los superlativos del mundo para anunciar proezas inéditas que ya vimos todos. Me gustan sus brillos desteñidos, las medias corridas de la trapecista, la cara de tercera función del payaso, los parches de la carpa. Pero sobre todo me encantó ver que el sketch entre el enano y el payaso, sigue siendo igual que cuando yo tenía 10 años y sigue causando las mismas carcajadas. Ya no hay animales, a lo sumo algún show de caniches, pero hay muchos números que aún permanecen para los equilibristas, trapecistas y malabaristas, ahora un poco tinellizados, pero circenses al fin.
Tanto en la niñez como ahora, me entretiene desenmascarar la doble vida del empleado del circo. Descubrir que el mismo flaco que presentaron como Domador de los cielos, a los 20 minutos sale con la cara pintada al servicio de Chispita. Y la misma chica que nos acomodó al llegar, un rato más tarde estaba probando suerte como lanzallamas.
A lo largo de la función, me tocó visitar varias veces el quiosco/carromato ubicado dentro de la carpa. Una mujer que luego comprobé que era la esposa del enano, se reía mientras me atendía siguiendo la rutina de los payasos, uno de ellos su esposo. Pensaba cuántas veces lo habrá visto? y se sigue riendo... Pensaba también como será vivir con el trabajo a cuestas. Esa gente que va itinerante de ciudad en ciudad, con su familia, sus compañeros, sus bártulos... artistas nómades de poca monta.

Me gusta el circo, y qué. Pero más me gusta salir con mis sobrinos y que me digan "estuvo re divertido, ¿vamos a venir de nuevo cuando haya otro circo?".

jueves, 6 de octubre de 2011

Pastalinda

Cuando todavía tenía que ponerme en puntitas de pie para alcanzar la manija, mi abuela me enseñó a pasar "tres veces por el 1" la masa en la Pastalinda. Frecuentemente nos hacía unos pasteles inigualables y nosotros curioseabamos de manera insoportable.
Mi mamá tiene la suya y yo, todavía en mi época de estudiante, compré una máquina para hacer fideos de esas que venden en Falabella (me salió $60) que tiró varios años pero últimamente era preferible matarse una hora en el gimnasio que intentar estirar la masa con ese aparatito.
"Algún día tendré mi Pastalinda" pensaba, hasta que ese día llegó.. Fue un regalo de mi socio, que con tal de comer tallarines caseros, es capaz de invertir en la auténtica Pasatalinda que pese a los 40 años que transcurrieron desde que mi madre la recibió como regalo de bodas de su compañeras de la fábrica, hasta ahora, sigue viniendo igual!!! con su letra roja en cursiva, que se va tapando poco a poco con la harina.
Hasta ahora solo la usé para hacer tallarines y discos para hacer unas empanadas a la parrilla.
Podría decirse que los tallarines me salen bastante bien. Acá va la receta, más que siemple, tal como viene de generación en generación.
- 1 huevo por persona (+ uno para la olla)
- 100 gr de harina por cada huevo
- un chorrito de aceite
- un poco de sal
Se pone la harina con la sal sobre la mesada, los huevos en cel centro y luego un chorro de aceite. se amasa todo. Lo dejamos descansar una media hora y a estirar. Primero tres veces por el uno: estiro, doblo, estiro, doblo y estiro. Y luego número por número. Yo la estiro hasta el 6, pero es a gusto. Dejamos secar lo más que se pueda y luego se hierven muy poquito en abundante agua hirviendo. Para gente muuuuy amante de la comida casera puede estirarse a palo y cortarse a cuchillo (alguna vez lo he hecho, pero era taaan joven entonces...)
La salsa es a gusto. Como todavía no logro hacer un tuco como el de mi vieja, muchas veces corto verduras y las hago al wok (puerro, zanahorias, succhinis, verdeo, berengenas, lo que haya...) y luego mezclo los fideos, salsa de soja, semillas de sésamo y buen provecho!!! 
PD: que nombres sencillos tienen las cosas de antes, no? Hoy sería inaceptable el nombre "Pastalinda" para cualquier departamento de marketing....
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