viernes, 26 de agosto de 2016

te cuento un cuento

Había una vez una mina, con una nena pequeña con angustia por querer y no poder. Con una ansiedad por mover las manos, por hacer algo. Con la novedad de estar en casa, y disfrutarlo.

Y ahí esa mina empezó a querer tejer, a dedicarse más a las plantas, a querer cocinar más variado. Y fue a Internet y encontró Blogs. Muchos Blogs. Y empezó a leer, a suscribirse, a comentarlos. Hasta que un día quiso tener uno.

Y cambió de trabajo. Y se volvió a angustiar porque en el trabajo tenía ganas de hacer y no podía encontrar el espacio. Y sobre todo tenía mucho tiempo libre, al pedo. Así que en ese tiempo leía muchos blogs (cada vez más, cada vez más lindos, cada vez más parte de una comunidad). Y también escribía, mostraba lo que hacía. 

Generó hasta redes por fuera del mundo Blogger, intercambió gajos y hasta algunos cafés.

Hasta que en un momento determinado del año pasado se propuso un cambio (justamente ayudada por un Blog). Un cambio que tenía que ver con cambiar la actitud en el trabajo, con salir de la victimización, con pensar objetivos más claros y trabajar para conseguirlos . Y se aferró a esa idea. Y por eso, por casualidad, porque los planetas se alínean, el cambio llegó, se hizo real.

Esa mina obviamente soy yo. Que en febrero de este año asumí un desafío laboral. Uno nuevo. Y empecé a trabajar como Project Manager, o Líder de Proyectos. Y también a formarme para ello. Este año es totalmente diferente a los demás. Arranqué con 4 proyectos que son 4 desafíos. A finales de este año deberían ser 4 logros (ya tengo uno ganado!).  

Tengo que aprender cosas nuevas pero que a la vez se alinean muy bien con lo que yo soy, con cómo soy (estructurada, planificadora, ordenada). Tengo la confianza de un jefe (¡cuanto vale la confianza de un jefe, puta madre!), el apoyo de mi esposo (que también vale muchísimo) y sobre todo las ganas renovadas. El año pasado yo conté acá que tenía con mi trabajo un matrimonio por conveniencia. Que no quería el divorcio pero necesitaba ponerle pasión. Yo sé que tuve suerte porque se dieron cambios en la empresa que me favorecieron. Pero también sé que dí mucho de mí para que la suerte me alcanzara. Y me permito reconocérmelo. 

Aprendí en este tiempo que el trabajo no es necesariamente castigo, que se puede disfrutar de lo que uno hace. Que me pueden dar ganas de quedarme un rato más no para que alguien me vea que me quedé,  si no porque quiero avanzar, hacerlo mejor. O porque se me fue el tiempo concentrada en algo y ni me di cuenta.

El lado B de esto es que me ha dejado sin tiempo para bloguear!!! jaja. Deberé encontrarle otro espacio, otro momento del día para hacerlo. Hice algunas cosas de abril a esta parte y que nunca mostré (cumple de 7 de Amparo, más artesanal que nunca, algo de huerta, alguito de tejido) pero ya voy a volver.

Buen fin de semana, y a disfrutar de este viernes! 
  


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