martes, 29 de noviembre de 2011

Saco Circular: el posgrado del crochet?

Cuando comencé con la aventura del crochet uno de los objetivos era tejer el saco circular. Una amiga me dijo que mi meta era "el posgrado del crochet". Y yo, que apenas iniciaba el jardín de infantes en el mundo del ganchillo, junté varios ovillos de lanas remanentes de cosas que me ha tejido mi santa suegra y me lancé al tejido circular. Para practicar primeramente tomé un paso a paso de una agarradera e hice mi primer proyecto circular siguiendo obedientemente punto por punto las indicaciones y quedó perfecta!
Pero al encarar el saco no fui tan aplicada y comencé a improvisar... Bueno los resultados están a la vista. O, mejor dicho no están, porque las fotos que me saqué con el saco puesto fueron censuradas. Ni hablar de la que quise sacar al saco totalmente extendido... en el medio crecía una hermosa montaña como si hubiese un gato escondido debajo del tejido.
Pero pese a todo estoy muy feliz con mi chaleco. Mi hermana me pidió que le hiciera uno (ella sí que me quiere de verdad!!!) con lo cual tendré oportunidad de mejorar la técnica y capitalizar todo lo aprendido. A saber:
1. Si vivís en una ciudad de este lado del hemisferio y sos ansiosa por estrenar tu obra de arte, no hagas un saco de lana en noviembre
2. Si trabajás 9 horas, tenés una familia y querés terminar el saco circular en menos de un año, pensá en un punto calado antes de la vuelta 32....
3. Si sos porfiada y no te gusta destejer, más vale seguí las indicaciones de algún patrón. Ni se te ocurra pensar que "luego se estira y no se nota" o "con la plancha seguro lo arreglo".
4. Si lograste tejer una agarradera de 15 cm de diámetro y te quedó plana, no implica que un saco circular de casi un metro te va a quedar sin un montículo o sin alguna que otra ondita....
En fin.... aunque no lo parezca valió la pena la experiencia. Ahora a esperar a que llegue el invierno para poder decir "Te gusta? lo hice yo!" ja!


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Los conceptos de Adán

La otra parte de la media costilla tiene en su cabeza algunas ideas raras sobre la genética femenina que no dejan de llamarme la atención.
Cree por ejemplo que la práctica lúdica con el Jolly bell durante la infancia, automáticamente se transforma en experiencia de madre al nacer tu hijo. Es decir, uno debe saber "porque sos mujer y lo debés saber" por qué llora un bebé de 48 horas o cómo se le sacan los pañales a una nena de 3.
Entiende también que por alguna cosa loca escrita en los cromosomas, con el sexo femenino vienen incluidas cosas tales como la habilidad de cocinar como Doña Petrona, saber hacer manualidades como cualquier especialista de Utilísima y tener toda la información sobre limpieza, incluyendo sacar las manchas añejas de sus remeras. Estaría bueno suponer que el sexo masculino también incluye la habilidad para reparar los artefactos que se rompen, arreglar el auto y protegerme ante las catástrofes. Si vamos a los estereotipos.. yo me prendo. Ni hablar de lo que ya se dijo en este espacio sobre la tarea de Adán de ganar el pan con el sudor de la frente, que no sé en qué momento me tocó a mí también...
Creo - sin estar segura - que debe tener alguna teoría sobre los beneficios de la proliferación de hongos en la cortina de la bañera. Caso contrario no me explico como no hay manera de convencerlo para que la corra luego de la ducha.
Afortunadamente el descendiente de Adán que habita en esta casa ha podido romper en algunos casos el paradigma del macho-varón y no sólo cambia pañales sino que también pone el lavarropas, lava los platos y de vez en cuando se suma en la cocina... pero de vez en cuando se le escapa la frase "eso inherente al rol de la mujer". Suficiente para que me vuelva la peor de las feministas en una décima de segundo y él termine aclarando "es un chiste".

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tarta de puerros - Masa con Harina de Amaranto

Cuando leí en el Blog de Marina la receta de la tarta de puerros me embalé y compré los puerros decidida a hacerla. Finalmente el clima se puso caluroso, el termómetro me desalentaba a prender el horno y a los  puerros la peluca se le estaba poniendo afro. Así que hice la tarta en la Essen. El relleno lo seguí de la receta del blog pero la masa la hice diferente:

Masa para tartas:
2 tazas de harina de trigo (yo reemplacé una por harina de amaranto)
1/4 taza de aceite
3/4 taza de leche
Se unen con cuchara de madera todos los ingredientes en el mismo molde que se hace la tarta. Es facilísima!

Luego corté 4 puerros grandes, los lavé luego de cortarlos siguiendo la receta (jaja), los rehogué con aceite de oliva. Luego mezclé 3 huevos con un poco de Queso Tolem 4 quesos + medio pote de Finlandia Finas Hierbas (era lo que había en la heladera)
La receta es bastante chanta pero les puedo asegurar que salió riquísima!
En cuanto al amaranto, me regalaron un kilo de harina y otro tanto de amaranto y estoy buscando recetas para usarlas. Cualquier dato será bienvenido!

martes, 8 de noviembre de 2011

Námaste - Hay días que quisiera ser budista


Námaste es una expresión de saludo de Asia del sur originario de India. Se usa en varias tradiciones budistas así como en numerosas culturas en Asia, tanto como el hola y el adiós del idioma español, para saludar, despedirse, pedir, dar gracias, mostrar respeto o veneración y para rezar. Normalmente se acompaña por una inclinación ligera de la cabeza hecha con las palmas abiertas y unidas entre sí, ante el pecho, en posición de oración. En India, el gesto se acompaña a veces con la palabra námaste.
Fuente: Wikipedia

Lo aprendí viendo Lost y cuando fui a yoga la profe me dijo que significaba "mi paz saluda a tu paz". Me gustó.

Hay días en que la oficina se vuelve casi una condena, una sucesión de injusticias y arbitrariedades. La "temporada de mamertos" comienza y parece no tener fin y el veneno de Eva en el rol de Adán, contamina toda posibilidad de rescatar el buen humor y la templanza.
Soy tana, cabrona y visceral.  Y encima trabajo en relación de dependencia. Combo fatal para quien pretende en vano preservarse un poco y tratar de aflojar las mandíbulas.
Solo a veces logro evocar aquella frase de mi amiga "Inhalo negro, exhalo dorado", mirar con una media sonrisa y dedicar un Námaste.

¿Cómo se hace? ¿Hay receta para conservar el buen talante en el trabajo?

viernes, 4 de noviembre de 2011

En el Paraíso por un rato.

Cuando tenía unos diez años una amiga de la infancia y yo participamos de una representación que se hiciera en una antigua casa de mi ciudad natal. La idea era revalorizar el patrimonio urbano, destacando ciertas construcciones antiguas. En esta casa puntual se recrearon imágenes de la vida cotidiana de antaño, y nosotras dos oficiamos de improvisadas actrices jugando al aro en el patio mientras la gente visitaba aquella fabulosa casa. Creo que esta ha sido mi primer amor con las casonas antiguas y con historia y el preámbulo a la pasión que conservo en imaginar cómo era la vida en aquellas viejas casonas cuando fueron pensadas.
¿Cómo vivirían Firma y Odilio en aquella casa que hoy es el Museo Estevez? ¿Cómo se habrá sentido Urquiza cuando vio terminado su palacio? Ni hablar de reyes y demás figuras de la nobleza europeas, en sus grandes palacios hoy abiertos al turismo.
Hace pocos días estuve en La Cumbre, Córdoba, Argentina. Más precisamente en la zona de Cruz Chica. Buscaba una casa en la que había parado tiempo atrás y andando el camino al azar me fui metiendo en una zona de viejas casonas de veraneo. Sueño antiguo de la Argentina próspera en la que locales e inmigrantes creían en el progreso y en la eterna posibilidad de que las vacaciones fueran el verano entero (quién pudiera!!!!)
Esas casas, con sus parques, sus estilos, me atraparon. Comencé a imaginarme cómo habrían sido planificadas, cómo las usarían actualmente sus herederos. Cuánto de aquel sueño seguiría en pie. Y entre tanto llegué a "El Paraíso", la casa que habitó Manuel Mujica Lainez durante sus últimos años de vida. Fue construída en 1922 y tras la muerte del escritor fue donada por su esposa a la Fundación que lleva su nombre. Puede visitarse los fines de semana.
La visita a "El Paraíso" es ampliamente recomendable, tanto por la mansión en sí, como también para conocer la vida y obra del escritor y curiosear un poco su vida diaria y sus hermosas colecciones. Las personas que allí trabajan agregan un plus a esta visita.
Me quedé enamorada de la casa, del barrio, de esa mística de antaño. Compré un par de libros, entre ellos una especia de diario en el que Mujica Lainez relata en primera persona cómo encontró la casa, el proceso de adquisición y las reformas hasta que se instaló con su esposa, su madre y las tías Lainez en Cruz Chica.


Qué lindos son los abuelos

Hoy leyendo un post del hermoso blog Prima Humberta, me acordé de mi abuelo y su mamá. Y de algunas bellas historias que nos regalan los abuelos cuando somos chicos, regalos que abrimos una y otra vez tanto tiempo después. Soy una fanática de los abuelos como figura familiar y me he encariñado frecuentemente con las abuelas ajenas.
De mis cuatro abuelos, los maternos fueron muy especiales. De ellos, el que más recuerdo es a mi abuelo Jorge, ya que fue el último en irse y además porque fue una hermosa persona. Imposible recordarlo sin que se me anude la garganta, aún cuando lo evoco con el pensamiento. Abuelo generoso, de manos grandes y corazón abierto. Cuando nosotros éramos chicos nos contaba historias inverosímiles, claro que por entonces yo creía que eran reales, solo porque él me las contaba. Por ejemplo, nos decía que había repetido 17 veces tercer grado...
Se jubiló siendo taxista. Creo que por entonces yo aún estaba en el jardín de infantes. Pero me acuerdo que nos traía la revista Anteojito, y los paragüitas de Felfort, o unas masitas de chocolate con forma de caballitos que vendían en una panadería de Pergamino.
Cuando ya estaba en cama, para partir, y yo le pedí que le pusiera un esfuercito más, me dijo que su vida ya estaba hecha, que nosotros teníamos todo el tiempo por delante, pero que él ya no quería más. Recuerdo escucharlo desde el pasillo llamando a su mamá para que lo llevara con él. Esa conmovedora imagen, de un hombre de ochenta y tantos años, corpulento, de vos fuerte, llamando a su mamá no me la olvidaré nunca y ha marcado mucho lo que hoy en día pienso del vínculo madre/hijo.
El último día que lo vi, me pidió que le rascara la espalda y me aseguró que desde los 20 años le picaba la espalda siempre en el mismo lugar. Abuelo lindo que se emocionaba solo de verte, que te quería regalar cualquier cosa que le dijeras que te gustaba. Abuelo típico y consentidor que supo dejarnos frases y anécdotas junto con algunas pertenencias suyas que tanto añoramos. Traje -al menos - dos cosas de su casa: una maquinita a manija para rallar queso y pan que se la regalé a una amiga queridísima. Y un cuadrito con una foto de su mamá conmigo (la última foto de la abuela Sete viva) a la que él le ponía siempre al lado una copita chiquita con una flor.  Cosas de la vida, su última foto, es con mi sobrino, en pose casi idéntica a aquella otra que tanto quiero.
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