jueves, 23 de abril de 2026

Memorias sueltas de una lectora que no quiere libros....


En mi casa los libros se contaban con los dedos de la mano. Había algunos de la colección Billiken (Mujercitas, Papaito Piernas Largas, Annie). Y en la casa de mi abuela estaba La Infanta Mendocina, que se lo había ganado mi mamá por tener asistencia perfecta. Eran tan pocos que podría enumerarlos, pero cuando entre los hermanos comenzamos a hacernos regalos mi mamá, que nunca leyó en su vida siempre sugería que nos regaláramos un libro. Leí todos esos libros, incluso más de una vez. Leí Annie con mi hermana, una página cada una. Nos lo olvidamos en el patio y mi mamá lo mandó a encuadernar. La niña colorada y su perro fueron reemplazadas por un poco atractiva cubierta color marrón.

A los 10 años me hice mi mejor amiga de la niñez, Laura. Yo me acuerdo la impresión que me dio cuando entre en el comedor diario de su casa y había una biblioteca de lado a lado de la pared, del piso al techo. Y el mueble de enfrente que supe después al ver sus puertas abiertas, que también tenía libros. Y también en su habitación había unas colecciones de libros con los que jugábamos al video club. Laura me prestó algunos libros. Me acuerdo de los de Sissí, la emperatriz que todas queríamos ser. Y dale con la colección Billiken.

Ahí empezaron mis ganas de leer sin saber qué. Lo que te prestaban, lo que le regalaban a tus amigas en su comunión.

En el secundario tuve a la mejor profesora de Lengua y Literatura de todos los tiempos, Mónica Elustondo de Rossi, así con nombre completo. Ella cada año nos sugería 5 novelas en el primer cuatrimestre y 5 obras de teatro en el segundo. Había que elegir una para leer. Yo leía todas. Ella nos armaba unos cuadernillos con fragmentos de distintos autores: Borges, Cortázar, Girondo, Elsa Borneman, Alma Maritano y tantos otros. Mucha literatura argentina y algo de latinoamericana también. Así conocí esos nombres y empecé a ir a la biblioteca a buscarlos.

La biblioteca de mi escuela era chiquita, un aula no mucho más. Ahí buscábamos las Revistas Tu y Conocer y Saber en las horas libres. Pero también había un estante con la Tejados Rojos de la Editorial Plus Ultra. Barrí con todo ese estante. Luego fui a la Biblioteca Municipal, que era más grande, quizás demasiado para la poca información que yo manejaba. La bibliotecaria me dio Un Yankee en la corte del Rey Arturo. Me pareció un embole, pero lo leí igual.

Ya más de adolescente y gracias a mi tía, otra gran influenciadora en mi ser lector, accedí a su colección de los grandes novelistas de EMECÉ. Quizás sea por ahí que empecé a comprar mis primeros libros. No recuerdo cuál sería. Pero sí sé que compramos a medias con mi hermana unos que venían con Clarín (los primeros ejercicios de los diarios de vender cosas anexas) en una compleja dinámica de tener que comprar el diario, recortar un cupón. Algo así era.

En los tempranos años de adultez con sueldo ya el hecho de comprar y de que me regalen libros se hizo mucho más fluido. La facultad, los nuevos contactos y ni hablar que Internet ya me dieron todas las respuestas que necesitaba para saber qué podía leer. Pero ya no tenía tanto tiempo, aunque siempre seguí leyendo. Libros propios, libros prestados por amigos.

Hace 10 años que leo en Kindle. Me encanta leer, pero tengo cero apego por el libro como objeto. No me interesa en absoluto que me devuelvan los libros que presto, los que yo ya leí. Los libros que aun conservo los tengo guardados en un placard, es decir, no tengo biblioteca, no necesito tenerlos a la vista.



Comparto la vida con un lector voraz y me encanta poder intercambiar lecturas, archivos y discutir sobre eso. Lo mismo con amigos con los que comparto el hábito: me encanta saber qué están leyendo. También disfruto mucho recomendando libros. Pero jamás fui a un club de lectura ni a una Feria del Libro ni a eventos relacionados con lo literario.

Hoy por hoy leer sigue siendo un pasatiempo fundamental en mi vida. Me encanta especialmente en vacaciones, los fines de semana en la hamaca paraguaya y un ratito antes de ir a dormir. Si bien el fucking teléfono le compite de cerca, no perdí el disfrute ni la disponibilidad para la lectura. Registro lo que leo en Goodreads y en este blog. Me gusta poder trackear esas lecturas, pero como algo para mí y o para inspirar a otros.

Traté de criar una hija lectora. Tuvo la misma voracidad que su papá desde que aprendió a leer hasta que entró en la adolescencia. Cuando llegó a Harry Potter hubo un quiebre. Leyó la saga en loop como 5 veces seguidas, pero después no encontró nada similar, que la enganchara tanto y dejó de leer. Confío que va a volver.

Hoy en el día del libro, esta lectora que no quiere libros celebra y festeja las historias genuinas y a sus autores, deseando que siempre exista ese momento para conocer mundos posibles y ampliar la mirada a través de un buen libro.

  

domingo, 1 de febrero de 2026

Los libros que leí en 2025

La clase de griego, Han Kang ⭐⭐⭐

Me recomendaron que lea este en lugar de La Vegetariana que era el de moda cuando ganó el Nobel. Al cabo de un año no me acuerdo nada de nada de lo que iba la novela. 

La casa de los conejos, Laura Alcoba ⭐⭐⭐ y 1/2

Una novela cortita que pone luz sobre un tema poco tratado de la última dictadura militar en la Argentina: cómo es la vida en la clandestinidad de las familias, cómo lo miran los niños. Luego leí el libro de Licitra y lo relacioné también con este, así como La llamada. 

El hechizo de verano, Virginia Higa ⭐⭐⭐

Lo leí porque me había gustado mucho Los Sorrentinos. Pero me pasó sin pena ni gloria. Son relatos de su vida en Estocolmo, pero no me dejaron nada que ahora recuerde. 

Opus Gelber, Leila Guerriero ⭐⭐⭐ y 1/2

Me encanta Leila Guerriero. No conocía tanto de la vida de Bruno Gelber y me encantó la forma que va dando vueltas alrededor de su figura, cómo va iterando en el personaje y sin juzgarlo va desenmascarando sus contradicciones. 

Los galgos, los galgos, Sara Gallardo ⭐⭐⭐⭐

De esas novelas que te llevan a ese lugar, a esa época. El personaje principal, Julián, de a ratos me exasperó un poco, pero el libro me encantó. Campo, perros, amores, la inmensidad de la pampa, la adversidad de la naturaleza, los vínculos. La historia en sí quizás no es lo más destacado sino la manera de narrarlo, de meterte en ese mundo medio melancólico del niño bien, que no se esfuerza demasiado por sostener nada de lo que le viene de arriba. Y los perros ahí, mostrándole su libertad y su belleza. 

“A los veinte años todo se ve con sol. A los treinta empieza la luna. No se sabe qué se ve, cuál es el engaño, cuál es la verdad”

Basada en hechos reales, Delphine de Vigan, ⭐⭐⭐⭐

Otra autora que me encanta. Justo trata de un tema que charlamos bastante con Fede, si todos las producciones de ficción tienen o no cosas autobiográficas. Difícil de explicar. Dice la descripción: Basada en hechos reales es a un tiempo un poderoso thriller psicológico y una sagaz reflexión sobre el papel del escritor en el siglo XXI. Una obra prodigiosa que se mueve entre la realidad y la ficción, entre lo vivido y lo imaginado; un deslumbrante juego de espejos que propone una vuelta de tuerca a un gran tema literario –el doble– y mantiene en vilo al lector hasta la última página.

A través del bosque, Laura Alcoba ⭐⭐

Llegué a este libro porque me había gustado La casa de los Conejos y por morbo también. La historia promete abordar desde la única sobreviviente, un drama real ocurrido en Francia donde una mujer argentina exiliada ahoga a sus dos hijos en la bañera y se suicida. Me pareció como que sobre prometía, no termina abordando nada, es como que ronda todo el tema pero no ahonda en nada. Me sentí defraudada. Al menos para mí que procuraba tratar de entender o sospechar qué lleva a una mujer a hacer eso. 

Un buen hijo, Pascal Bruckner, ⭐⭐⭐

¿Cómo recordar a un padre del que se tiene un mal recuerdo? ¿Cómo reivindicar a un padre colaboracionista, facho, machista? Me pareció valiente retratar a un propio padre nefasto al tiempo que se repasa otros textos que se animan a cosas parecidas pero me resultó una lectura despareja. Por partes me encantó y hay puras páginas que me las pasé casi de largo. Me gustó finalmente pero estuve tentada de abandonarlo más de una vez.

El último encuentro, Sandor Marai ⭐⭐⭐

No me acordaba de qué iba pero rememoré con este fragmento de la descripción del libro: Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer. La tensión aumenta, línea tras línea, hasta que se hace casi insoportable, pero la prosa continúa, implacable, precisa, fiel reflejo del empeño de los protagonistas por hurgar hasta en lo más recóndito de sus almas, allí donde se encuentran esas verdades cuyo descubrimiento provoca, al mismo tiempo, un insoslayable dolor y un incontenible impulso vital.

La muerte ajena, Claudia Piñeiro ⭐⭐⭐

Tenía muchas expectativas por el tema (las escort, el poder, el policial bien narrado) sin embargo no me gustó tanto. Es llevadera pero no me la voló. 

Glaxo, Hernán Roncino ⭐⭐⭐⭐

La leí porque un amigo está trabajando en su adaptación al cine. Novela breve que te lleva a las pampas (tengo algo ahí en el pueblo, el interior de la provincia que siempre me atrae). Muy bien narrada en sus personajes, la forma no lineal en la que te va llevando. Me gustó mucho

La paciente silenciosa, Alex Michaelides ⭐⭐⭐

Novela pochoclera pero llevadera. Un policial con mucha psicología. Va generando un buen misterio aunque por partes se vuelve medio previsible. 

¿Por qué son tan lindos los caballos?, Josefina Correa ⭐⭐⭐⭐

Me lo regaló Fede, pero en verdad lo quería leer él! Esta es una historia sobre una madre y una hija.  sobre la demencia y lo brillante de la pérdida. Una novela que va del cuidado de los padres, de la vigilia por su evolución. "Sin lugar para la autocompasión, la hija de Sari registra el momento en que la cabeza de su mamá se desordena y pierde las palabras, mientras arma el relato que ella no dejó de contar y que, a su vez, no pudo contar. La narradora anota un recuerdo que no le pertenece, una frase divertida, extractos de un diario, una escena del barrio, disparates; los amontona y los pega como un collage, como el collage en el que se transformó su mamá." Durísimo, pero me gustó

 Crac, Josefina Licitra ⭐⭐⭐⭐

Me encanta como escribe Josefina Licitra. Se ve que este año tuve mucho del tema vínculo padre hijos, casi sin darme cuenta. Bueno, este viene de un vínculo muy especial, construido de manera diferente, a fuerza de cartas y ausencias. Construido de palabras que viajan y esas mismas palabras cortan el vínculo. El padre que proscribe, la hija que se revela poniendo casi fin a todo vínculo posible. Había leído en Orsai el relato "el señor Licitra" que es el que da lugar a la ruptura entre padre e hija y me acuerdo perfectamente haber pensado si el padre vivía, que iba a decir. Bueno, ahí me enteré "cómo la distancia engendra un silencio abrasivo, capaz de erosionar lazos que, culturalmente, están pensados para resistir casi todo".

Voy por última vez a la plaza Vicente López. Antes de volar, mi padre saldrá a correr y yo voy a esperarlo como una coleccionista de desprecios. Quiero verlo llegar o partir, verlo ir adonde nunca estoy.

La historia de Maia - Las siete hermanas #1 - Lucinda Riley  ⭐⭐⭐

Novela re pochoclera, pero tampoco promete otra cosa. Me resultó llevadera pero tampoco me pareció tan guau aunque es una saga que vendió millones. Creo que la parte brasilera fue la que más me atrajo del libro

Tienes que mirar - Anna Starobinets  ⭐⭐⭐

Novela autobiográfica de esta autora rusa que descubre que el hijo que esperaba tiene un defecto congénito. En la novela se narra su peripecia para lograr el procedimiento que le permita abortar a su hijo, el duelo, las formas de procesarlo, la manera de concebir por cada país y cada cultura nuestros cuerpos

La postal - Anne Berest ⭐⭐⭐

la autora recibe una postal con la fotos de sus bisabuelos, todos ellos muertos en Auschwitz. A partir de ahí comienza un viaje hacia el pueblo de su abuela junto con su mamá para rearmar la historia familiar. Llegue con mucha ilusión a este libro pero no me mató. 

Lecturas

Florencia Ferramondo's books

Mil soles espléndidos
it was amazing
adoré este libro. Me la pasé hablando de él. Tal es así que se lo hice leer a varias personas. Es el primer libro que leo del autor y también de una historia situada en Afganistán. Triste, conmovedor, durísimo pero hermoso. Trenzando his...

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