jueves, 13 de diciembre de 2012

Papá Noel: yo quiero tiempo libre

Me quedé sin tiempo. Pasó el año y fui a los tumbos, agarrando las cosas en el aire, haciendo malabares para que ninguna se estrelle. O sí. Y tratar de repararlas.
Entonces, cuando sentí que entre el castigo de Adán y el de Eva se habían perdido los equilibrios, y todo era castigo sin metáfora, definí como estrategia para recuperar espacios y vínculos que los fines de semana iban a tratar de estar lo más dedicado a la vida sin reloj ni agenda. Al dolce far niente. A dejar que me lleve la marea. A definir qué comemos 5 minutos antes de sentarnos a la mesa. A meterme a la pile inflable con la Pini y jugar con las tacitas de té. A dormir la siesta abrazados con la piedosa compañía del aire acondicionado.
Y todo en la semana de días "hábiles" se amuchó en el poco tiempo que le queda a la vida más allá de la oficina. El horario de salida de repente se hizo cada vez más escurridizo. Y así, voy a las corridas, ensamblando tareas. Y mientras pongo el lavarropas llamo a ver si el electricista fue a la obra o en la cola de la caja del super, escribo mails para las amigas.
Y la gordi terminando la salita del de 2 y empezando el jardín de verano al día siguiente. Sólo cambiar uniforme por malla. Santa reina que nunca se queja y entra al jardín contenta. Que quiso bailar en la fiestita con los de la mañana y los de la tarde, pues su jornada extendida en el jardín no conoce divisiones.
Y llego a fin de año con la lengua afuera y la cabeza quemada, sabiendo que me espera un verano sin vacaciones. Me consuela entonces saber que tengo esa grieta en la semana. Esos dos días de gracia en los que estamos nosotros tres. Que vamos a la obra a pasar el día entre arena y bolsas de cal, imaginando los colores que vamos a ponerle y definiendo en qué lugar quedará mejor el tobogán.
Y así se pasó el año. Un año intenso, con muchos cambios. El año que empezamos nuestra casa y el año que cambié de trabajo. Un año en el que puse mucha decisión pero también que las cosas fueron apareciendo, dando sus sorpresas.
Y así se va consumiendo. Y así se va pasando
Y un día salí al patio y por primera vez me había florecido un cactus
Y así.....


1 comentario:

  1. Qué bonita esa flor!!! Y qué embole estar a las corridas!

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Cada nuevo comentario que llega me motiva a seguir con este espacio. Gracias por pasar!

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