martes, 2 de septiembre de 2014

León



www.elcastigodeadanyeva.blogspot.com

Era fines de noviembre del 2008 y estábamos en la oficina que luego siempre sería la de “calle Moreno”. Ella vino un día y me dijo que me notaba más pechugona. Fue así como se enteró anticipadamente de que Amparo estaba en camino.
La oficina tenía dos compartimientos de durlok que daban al oeste. Yo estaba a cargo de la comunicación institucional en el que daba para el norte, y ella en el sur se ocupaba de los temas contables. Compartió el día a día de mi embarazo, sintiendo patadas y hablándole a quien entonces llamábamos Rodolfo, y solo en febrero supimos que era Amparo.
Por aquellos años mechábamos trabajo con confidencias, recomendaciones de música y médicos, almuerzos en el tupper y de a poco nos hicimos amigas. Cuando volví de mi licencia ella tenía una foto de mi hija bostezando como fondo de pantalla.
Esa persona increíble que el trabajo me dio la dicha de conocer de a poco fue armando un plan con el que dejó atrás una carrera que nunca terminó de elegir y cambió de país. Se fue a España durante dos años y luego al sur de Francia. El año pasado vino de visitas y volvimos a las charlas, a recordar lo lindo que es tener su compañía.
Regresó a Europa para darle una oportunidad al amor: un amor joven, guapo y francés a quien había conocido en Machu Pichu, cuando todavía estábamos en la oficina de calle Moreno. Una historia de película. Una apuesta fuerte.
Unos meses después, yo estaba en la oficina en la que trabajo ahora, con compañías que muchas veces me hacen añorar aquellas otras, y las líneas de Whatsapp se me amontonaban más rápido que lo que me daba la lectura y la emoción. Allí supe que de su embarazo casi al mismo tiempo que ella.
Durante todos estos meses de mi invierno rosarino y su verano en el norte de Francia, compartí a la distancia su embarazo, teclado mediante. A mi modo quise agradecerle con 5 años de delay toda aquella compañía, ese día a día. Las tecnologías te hacen sentir tan cerca y tan lejos al mismo tiempo.
El sábado a la mañana lloré de emoción sentada en la cama al ver las fotos de León recién nacido, tan parecido a ella, tan guapo. Al mismo tiempo me atravesó la impotencia que sentí por no poder alzarlo, olerlo, sentirlo. Pero más todavía por no poder abrazarla a ella y decirle que se merece nada más que lo mejor.

7 comentarios:

  1. Ay flor, me esta corriendo un friiito por todo el cuerpo....no podes escribir estas cosas!!!! Me haces llorar!!!!
    Besote grande!!!!!

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  2. amistad ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Que lindoooo, me emocionaste tanto!!! Gracias tecnologías....acercan y mucho!!!! Besossss!!!

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  5. que historia por favor!! se me puso la piel de gallina.
    Es increíble como estamos tan cerca estando tan lejos.

    Besote

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  6. que lindo leer esto!
    ay estoy sensible!

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  7. gracias a todas y cada una por compartir este momento y esta emoción!

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Cada nuevo comentario que llega me motiva a seguir con este espacio. Gracias por pasar!

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