En mayo del año pasado empezaron para mí muchas cosas. Entreellas comenzó a construirse mi casa y yo empecé a tejer mi primera manta degrannies. La idea era terminar las dos cosas al mismo tiempo. Yo tejo muy
lento....
La manta y la casa avanzaron, cada una con los contratiempos
de su especie. La casa progresa, se estanca, discutimos con los albañiles,
volvemos a discutir, llamamos mil veces a los proveedores, discutimos entre
nosotros, nos olvidamos de cosas, nos volvemos a acordar. Ya casi la tenemos y
a su vez falta tanto. Y así tire y afloje, pero va.
Definimos la mudanza para
dentro de 6 meses, cuando pase el invierno y podamos irnos a vivir afuera sin que el
invierno sea un padecimiento. Estoy feliz con la casa,
pero odio que consuma tanta energía (plata es lo que sobra…).
Por lo pronto este verano pasamos más de un fin de semana tomando son entre las vigas. El parrillero ya está listo así que hubo algún que otro asadito al paso, comiendo en en andamio...
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Esa soy yo, tomando sol en mi patio y contemplando la casa del vecino |
La manta y yo también pasamos por ciclos de amores y odios.
Me encantaba ver como crecía la pila de cuadraditos, ordenarlos por colores,mezclarlos, volverlos a ordenar. Diagramar la manta sobre el piso. Entonces la
amaba. Pero cuando vino la parte de ir uniendo, cociendo, atando, cortando
lanas, mi amor comenzó a quebrantarse. La dejé y la retomé muchas veces, hasta
que me decidí a darle un impulso definitivo, viendo que la casa ya tenía
paredes revocadas y yo no era capaz de terminar una modesta manta. Y por esas
cosas del bendito Murphy me quedé sin lana beige (la que usé para cerrar los
cuadritos y unir) cuando solo me faltaba un solo cuadradito, sí, uno solo. Y
cuando fui a la lanería en lugar del preciado ovillo había bikinis y ojotas….
